Core Value Reflection: Alec Banda

Updated: 3 days ago

Core Value: Family Focused


A Reflection by Alec Banda, our Youth Ministry Director


When my wife, Sarah, and I were first married, I remember having so many ideals about marriage and raising a Catholic family. Getting married was the best day of my life! Finally knowing my vocation and entering fully into it! The feeling of, I’ve made it! I have a wife and not only “a” wife but “Sarah, MY wife.” I believe that she was the one that God set apart for me to pursue and experience the joys and sorrows of life together. Our ideals seemed simple but noble; to raise our children in the faith, go to daily Mass, frequent confession, and pray consistently as a family. The idea of mirroring prayer for our children and imitating the love of God for them to see was so easy to desire in our hearts. Even for our marriage, we had and still have an ideal of wanting to lead people into an encounter with Christ in places that they wouldn’t expect to have encounters. The ideal of falling more in love, daily, and living out our calling to mirror Christ to one another. These endeavors, though, come at a price and while seemingly romantic, aren’t exactly glamorous. In case no one has ever said this, marriage and children are hard!


I recently heard a quote by G.K. Chesterton where he said, “Marriage is a duel to the death, which no man of honor should decline” This quote really struck me, and I couldn’t exactly say why. At first, I thought it might be because my home has its fair share of chaos and tantrums. Some that I start and some that I run from. But thinking about it more, there was something deeper that honestly really conflicted me. It conflicted me because I realized I could see my marriage and family on two different ends. On one end is where I think a lot of people gravitate towards and how society frames the home life and it’s that the family is just a grind to get through paired with difficulty and inconvenience. That can sound dramatic, and I don’t think it’s that obvious but more subtle and hidden. The family can be reduced to being task oriented, busy schedules, grappling over personal time and personal endeavor, and if I’m being honest, I think I can end up in this place very easily. On this end there is also the suggestion that the husband and wife are the ones dueling, each to get the upper hand over the other and just aim at escaping the inconvenience of conflict for the sake of “peace.” The quote can be tempting to stop at “duel to the death” as if that’s also the end of family and married life. But on the other side, where I believe the saints decide to go, is that the duel to the death in fact leads to life. It’s the honorable person that doesn’t decline the effort of entering into this battle. This quote is a paradox and at face value, it’s so easy to group myself in the camp that family life is just hard. This paradox though, is an invitation of life and one that Christ imitates and models for us in His own life. “If any man would come after me, let him deny himself and take up his cross daily and follow me. For whoever would save his life will lose it; and whoever loses his life for my sake, he will save it. For what does it profit a man if he gains the whole world and loses or forfeits himself?” (Luke 9:23-25). This is the risk of love!


“To love at all is to be vulnerable” as C.S Lewis has said but the risk is worthwhile. For me personally, I have noticed that when I am right with God, when I am seeking the Creator of all, the One who fashioned me into being, and the Author of life, I am in fact experiencing a type of death that gives life to my wife and children. My family life is a battleground, not with my own (although it can easily seem that way on any day of the week), but oftentimes with overcoming my own vices so that I can better serve and love my children and my wife. Not that it depends on me, because my family has their own will and journey with God as well, but that I should think about it as starting with me. St. Mother Teresa said, “Love begins in the home.” I’d venture further to say that love begins in me, not as the source of love but as the decision to respond to Love Himself. If I receive God’s love, I’m more able to give it but, if I reject it, then there’s no way I can be free to give.


This paradoxical invitation calls me on to holiness because it does require a death of me. A spiritual death but a death, nonetheless. St. Paul writes about this as well when he says, “Husbands, love your wives, as Christ loved the church and gave himself up for her, that he might sanctify her…” (Ephesians 5:25-26). Christ gave Himself up for the Church in a very real way but the fruit of that was eternal life with Him. The family is the place where Saints are made not because the family life is perfect but because it is in fact a duel to the death where life can be restored, mercy encountered, and authentic joy lived out. Christians, let’s take the risk to love and the honorable path of a duel to the death: our own death to sin and life in Christ.



En Español...

Cuando mi esposa, Sarah, y yo nos casamos, recuerdo tener tantos ideales sobre el matrimonio y la crianza de una familia católica. ¡Casarme fue el mejor día de mi vida! ¡Por fin conocer mi vocación y entrar de lleno en ella! La sensación de, ¡lo he logrado! Tengo una esposa y no sólo "una" esposa sino a "Sarah, MI esposa". Creo que ella fue la que Dios apartó para que yo experimentara las alegrías y tristezas de una vida juntos. Nuestros ideales parecían simples pero honorables; criar a nuestros hijos en la fe, asistir a misa diariamente, confesarnos con frecuencia y orar constantemente como familia. La idea de reflejar la oración para nuestros hijos e imitar el amor de Dios para que lo vieran en nosotros era tan fácil de desear en nuestros corazones. Incluso para nuestro matrimonio, teníamos y todavía tenemos el ideal de querer llevar a las personas a un encuentro con Cristo en los lugares más inesperados, de enamorarnos más diariamente, y vivir nuestro llamado a imitar a Cristo entre nosotros. Sin embargo, estos esfuerzos, tienen un precio y, aunque aparentemente románticos, no son exactamente glamorosos. En caso de que nadie haya dicho esto, ¡el matrimonio y los hijos son difíciles!


Recientemente escuché una cita de G.K. Chesterton donde dijo: "El matrimonio es un duelo a muerte, que ningún hombre de honor debería rechazar" Esta cita realmente me impactó, y no pude decir exactamente por qué. Al principio, pensé que podría ser porque en mi casa tenemos nuestra porción justa de caos y rabietas. Algunos que empiezo yo y otros de los que huyo. Pero pensando más en ello, había algo más profundo que honesta y realmente me conflictuaba. Me conflictuaba porque me di cuenta de que podía ver a mi matrimonio y a mi familia desde el punto de vista de dos extremos diferentes.


En un extremo, que es donde creo que mucha gente cae, y cómo la sociedad enmarca la vida en el hogar y ese es cuando la familia es sólo una rutina para superar junto con dificultad e inconveniencias. Aunque puede sonar dramático, no creo que sea tan obvio, sino más bien sutil y oculto. La familia puede reducirse a estar orientada a tareas, horarios ocupados, lidiar con el tiempo y proyectos personales y si soy honesto, creo que es aquí donde puedo acabar muy fácilmente. En este extremo también se sugiere que el esposo y la esposa son los que se enfrentan en duelo, cada uno para obtener la ventaja sobre el otro y solo apuntar a escapar de los inconvenientes del conflicto en pos de "paz". La cita puede ser tentadora para uno detenerse en "duelo a muerte" como si ese fuera también el final de la vida familiar y matrimonial.


Pero por otro lado, donde creo que es la dirección hacia donde los santos deciden ir, es donde el duelo a muerte de hecho, conduce a la vida. Es aquella persona honorable la que no rechaza el esfuerzo de entrar en esta batalla. Esta cita es una paradoja y, al pie de la letra, es tan fácil agruparme en el campo que dice que la vida familiar es simplemente difícil. Sin embargo, es una invitación a la vida y una a la que Cristo imita y modela para nosotros en su propia vida. "También Jesús decía a toda la gente: “Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y que me siga. Les digo: el que quiera salvarse a sí mismo, se perderá; y el que pierda su vida por causa mía, se salvara. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde o se disminuye a si mismo?” (Lucas 9:23-25). ¡Este es el riesgo del amor!


"Amar en absoluto es ser vulnerable", como ha dicho C.S Lewis, pero el riesgo vale la pena. Personalmente, he notado que cuando estoy bien con Dios, cuando estoy buscando al Creador de todo, Aquel que me formó y dio la existencia, y el Autor de la vida, de hecho, estoy experimentando una especie de muerte que a su vez da vida a mi esposa e hijos. Mi vida familiar es un campo de batalla, no con la mía (aunque fácilmente puede parecer así en cualquier día de la semana), sino a menudo con la superación de mis propios vicios para poder servir y amar mejor a mis hijos y a mi esposa. No es que dependa de mí, porque mi familia también tiene su propia voluntad y viaje con Dios también, sino que debería pensar en ello como si esto comienza conmigo mismo. Santa Madre Teresa dijo: "El amor comienza en el hogar". Me atrevería a decir que el amor comienza en mí, no como la fuente del amor, sino como la decisión de responder al Amor Mismo. Si recibo el amor de Dios, soy más capaz de darlo, pero, si lo rechazo, entonces no hay manera de que pueda ser libre de dar.


Esta invitación paradójica me llama a la santidad porque requiere una muerte mía. Una muerte espiritual, pero aun asi una muerte. San Pablo también escribe sobre esto cuando dice: "Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a si mismo por ella. Y después de bañarla en el agua y la Palabra para purificarla, la hizo santa," (Efesios 5:25-26). Cristo se entregó a sí mismo por la Iglesia de una manera muy real, pero el fruto de eso fue la vida eterna con Él. La familia es el lugar donde se hacen los santos, no porque la vida familiar sea perfecta, sino porque es de hecho un duelo a la muerte donde la vida puede ser restaurada, la misericordia encontrada y la auténtica alegría vivida. Cristianos, asumamos el riesgo del amor y el camino honorable de un duelo a muerte: nuestra propia muerte al pecado y la vida en Cristo.