Third Sunday of Advent: Reflection by Fr. Joe




Some people think Disneyland represents a false, shallow, or materialistic version of reality—surely it could bear no resemblance to the Gospel message? But when Disneyland opened in 1955, Walt Disney said he wanted “this happy place…(to be) a source of joy and inspiration to all the world.”


It isn’t widely known, but Walt Disney himself had the opposite of a happy childhood. His father was abusive; Walt struggled in school and was even held back two grades. He failed in business and raised children during times of terror and fear in World Wars I and II. But his life’s dream was always to bring people back to their original innocence and joy in living, to restore happiness.


3000 years ago, Isaiah had a similar compelling message: “Rejoice! I’ve got good news for the poor!”


What would be good news to you? If you heard, you won $10 million? If you were diagnosed with cancer, but then found out they had a miracle drug to cure you? Or if you finally found the husband or wife of your dreams?


Well, money gets spent, & even miracle cures aren’t forever--death is still a reality—and dream marriages are…just that!


We are always chasing happiness, aren’t we? And then we get some… and then the chase begins again! We HAVE green grass—but someone else’s will always look greener. We have kids we love madly—but the neighbor’s son just won a Fulbright Scholarship. Last year, our team was No. 1—but this year, our rivals took home the cup.


Let us be realistic. When Isaiah says, “I exult for joy in the Lord,” Mary says, “My spirit rejoices in God, “ and Paul gives advice on how to live with deep happiness, some might be tempted to say, in essence, “Get a grip! Of course, they’re happy! They all have privileged positions--as God’s prophet, apostle, and mother! What about the rest of us? What about MY life?”


It is simple. The saints can be happy for one reason: they pour ALL their joys and ALL their tragedies into the one place big enough to hold every memory in existence forever—God’s heart. There is a future beyond “perpetual perishing”—and that is God. Catholic teaching assures us without exception that everyone “has been created by God for a blissful purpose beyond the reach of earthly misery.” (Vat.II, ”Pastoral Constitution on the Church in the Modern World, n. 18.)


God’s heart must be an incredible place. Think about it for a moment. It is God’s heart that loved YOU into existence, as well as everything that “lives, and moves, and has its being” in our world. As time dr

aws near to hear the Christmas story again, it is good to recall how that story will “end”—that the power of Jesus’ Resurrection “dispels all evil, washes guilt away, restores lost innocence, brings mourners joy!” (From the Exsultet, Easter Vigil)



Walt Disney was right—it is a wonderful thing, a holy thing, to return to our innocence. Once we remember Whose we are, we can begin to take a whole new pleasure in our lives--rejoicing, enjoying, and praising the God who never forgets us—and Who will never allow us to perish.


Fr. Joe Lee


Algunas personas piensan que Disneylandia representa una versión falsa, superficial o materialista de la realidad. ¿Seguramente no podría tener ningún parecido con el mensaje del Evangelio? Pero cuando Disneyland abrió en 1955, Walt Disney dijo que quería " que este lugar feliz fuera una fuente de alegría e inspiración para todo el mundo".


No es muy conocido, pero el propio Walt Disney tuvo lo opuesto a una infancia feliz. Su padre fue abusivo; Walt tuvo problemas en la escuela e incluso se retrasó dos grados. Fracasó en los negocios y crió a sus hijos en tiempos de terror y miedo en la Primera y Segunda Guerra Mundial. Pero el sueño de su vida siempre fue devolver a las personas su inocencia original y la alegría de vivir, restaurar la felicidad.


Hace 3000 años, Isaías tuvo un mensaje convincente similar: “¡Regocíjense! ¡Tengo buenas noticias para los pobres! "


¿Cuál sería una buena noticia para uds? Si se enteraran que se ganaron $10 millones? ¿Si le diagnosticaran cáncer, pero luego descubrieran que tenían un medicamento milagroso para curarlo? ¿O si finalmente encontraran al esposo o esposa de sus sueños?


Bueno, el dinero se gasta e incluso las curas milagrosas no son para siempre, la muerte sigue siendo una realidad, y los matrimonios de ensueño son ... ¡solo eso!


Siempre estamos persiguiendo la felicidad, ¿cierto? Y luego conseguimos algo de felicidad... ¡y luego la persecución comienza de nuevo! TENEMOS césped verde, pero el de la otra persona siempre se verá más verde. Tenemos niños que amamos locamente, pero el hijo del vecino acaba de ganar una Beca Fulbright. El año pasado, nuestro equipo fue el número uno, pero este año, nuestros rivales se llevaron la copa a casa.


Seamos realistas. Cuando Isaías dice: “Me regocijo de gozo en el Señor”, María dice, “Mi espíritu se regocija en Dios”, y Pablo da consejos sobre cómo vivir con profunda felicidad, algunos podrían sentirse tentados a decir, en esencia, “Calmense! ¡Por supuesto que están felices! Todos tienen posiciones privilegiadas: ¡como profeta, apóstol y madre de Dios! ¿Qué pasa con el resto de nosotros? ¿Qué hay de MI vida?


Es simple. Los santos pueden ser felices por una razón: derraman TODAS sus alegrías y TODAS sus tragedias en un lugar lo suficientemente grande como para guardar cada recuerdo que existe para siempre: el corazón de Dios. Hay un futuro más allá del “perecer perpetuo”, y ese es Dios. La enseñanza católica nos asegura sin excepción que todos "han sido creados por Dios con un propósito bienaventurado más allá del alcance de la miseria terrenal". (Vat.II, ”Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo moderno, n. 18.)


El corazón de Dios debe ser un lugar increíble. Piensen un momento en ello. Es el corazón de Dios el que te amó a TI para que existieras, así como todo lo que "vive, se mueve y tiene su ser" en nuestro mundo. A medida que se acerca el tiempo para escuchar la historia de Navidad nuevamente, es bueno recordar cómo esa historia “terminará”: que el poder de la resurrección de Jesús “disipa todo mal, lava la culpa, restaura la inocencia perdida, trae alegría a los dolientes”. (Del Exsultet, Vigilia Pascual)


Walt Disney tenía razón: es algo maravilloso, algo sagrado, volver a nuestra inocencia. Una vez que recordamos de quién somos, podemos comenzar a sentir un placer completamente nuevo en nuestra vida: regocijarnos, disfrutar y alabar al Dios que nunca nos olvida, y que nunca permitirá que perezcamos.


Padre Joe Lee



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